Las antiguas civilizaciones plasmaron sus creencias, tradiciones y cultura en los cielos. Fue así como las primeras constelaciones, o agrupaciones de estrellas unidas por líneas imaginarias, fueron creadas. Hoy en día nos son conocidas las historias de Orión, el gran cazador, y la Osa menor y su estrella Polaris, que facilita la orientación para los habitantes del hemisferio Norte.
A diferencia de ellos, los antiguos habitantes de los Andes utilizaron las regiones oscuras de la Vía Láctea para construir sus constelaciones, no estrellas. Estas regiones son nubes interestelares de gas y polvo que bloquean el paso de la luz de las estrellas y por eso tienen una apariencia oscura. Estas reciben el nombre de constelaciones oscuras. Emulando la fauna Andina, las constelaciones más conocidas son la llama, Yakana en voz quéchua o Silar en ckunza, la perdiz (Ckolan en ckunza), el zorro, el sapo (Misckan en ckunza) y la serpiente. La llama fue, y sigue siendo hasta nuestros días, uno de los bienes más preciados e importantes del habitante andino. Es una fuente de lana, piel, carne, huesos y combustible; sirviendo además como medio de transporte de carga. Consecuentemente, no sorprende que en las principales representaciones y pinturas rupestres existentes en la zona del Alto Loa, la llama tenga un lugar destacado.

Si bien es cierto, no existe claridad ni consenso sobre el origen de su nombre, en la mitología andina la Yakana “desciende” cada noche en los cielos de invierno a beber el agua de los ríos y mares para luego devolver el agua en forma de lluvias durante los meses de verano. Esto explicaría las abundantes lluvias de verano percibidas durante el conocido invierno altiplánico (Solís-Castillo & Jaldín 2020).

Un elemento central dentro de la fauna Andina es la relación entre la Llama, su cría y el zorro. Las Llamas, en los tiempos cercanos de parir, buscan un lugar apartado para resguardar a su cría de los posibles depredadores. Al momento de dar a luz, la pequeña cría debe ponerse de pie rápidamente y correr junto a su madre para no ser presa del zorro que acecha en todo momento. Esta relación se encuentra representada en los cielos en la forma de las constelaciones oscuras, con la Yakana erguida, su cría mamando debajo de ella y el zorro a su costado esperando el momento de descuido para hacerse con su presa.

Fuente del contenido de este post: Solís-Castillo & Jaldín 2020: https://www.fuchas.cl/cielos-de-pueblos-andinos/
